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*Puebla de mis temores*


Columna escrita por: Rosaura García Muñoz

Casas viejas, vecindades tristes con olores entremezclados a frijoles y baños donde entran todos los que habitan ese lugar, un triste escenario donde lo único que le da colorido son las caras pitadas de mujeres que tras esa máscara, esconden el miedo y cansancio al ejercer el oficio más antiguo del mundo, la “prostitución”.
Ir de compras al mercado de la 5 de mayo o mercado de la 16 en Puebla, significa caminar entre mujeres de escasos 15 años de edad, ejerciendo la prostitución, los compradores en los comercios de telas, loza, comida, ropa y zapatos, se revuelven con hombres sentados en las banquetas viendo con ojos de deseo a quienes ofrecen momentos de placer y desahogo a un sinnúmero de jóvenes, hombres de mediana y entrada edad.
En ese cuadro de la ciudad es muy mentada la “maldita vecindad”, sobre la 14 entre la 3 y la 5 oriente y cuyo rumor urbano habla de ese lugar como la casa de seguridad, donde llegan nuevas mujeres de otros lugares para obligarlas en su gran mayoría a ejercer la prostitución.
En esas calles donde predomina el comercio ambulante, huele y se ofrece de todo, hay para todos los gustos y necesidades, así podemos ver a la señora que vende pollos revolcados en adobo en una charola y casi al ras del piso, hasta grandes cazuelas de mole, pantalones de franela, verdura y fruta de la temporada, grandes comercios de abarrotes, venta de marisco y mujeres de la tercera edad vendiendo servilletas bordadas, todo un gentío gritando preguntando los precios y la voz de quienes ofrecen su mercancía se hace notar entre el ruido estrepitoso de los autobuses, combis y todo tipo de transporte.
La inseguridad es notoria tanto para los compradores, como para todo el comercio e incluso hasta para las mujeres que por largas horas están de pie con grandes tacones y faldas cortas, dejando entrever con enormes escotes, la cruda realidad que tienen que enfrentar. El dolor que viven cada una de estas mujeres se denota en su semblante sombrío, lejano a una sonrisa de satisfacción y bienestar, lejos de la familia que alguna vez tuvieron, y lejos de poder alcanzar la tranquilidad que se ve constantemente interrumpida por los “padrotes y madrotas” que les exigen cierta cantidad de dinero a cambio de su propia vida.
Poder ir de compras al mercado de la 5 de mayo y la 16 se ha vuelto de alto riesgo especialmente para las mujeres y sus hijos, estás calles que están relativamente cerca del centro histórico, pero a la vez tan lejanas de un zócalo donde pareciera que no sucede nada y sucede todo.

Por otro lado a pesar de que a poco más de un año llegó la nueva estación del “Tren Turístico” en Puebla, en la zona de la antigua estación del ferrocarril, aún las calles aledañas guardan esa pobreza de antigüedad, que marcaron historia en Puebla, y en muchas de ellas vivieron aquellos que dieron vida al ferrocarril mexicano y que han visto pasar los años hasta quedar como aquellas viejas máquinas que guarda el “Museo del Ferrocarril”.
El gran contraste que existe en la zona de la elite y el poder, se erigen rascacielos como muestra de la gran inversión y la fuerza financiera de una sociedad que marca y divide cada vez más al hombre e inevitablemente castiga al más pobre.

 

 

 

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