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La negociación de May sobre Irlanda desata un vendaval político en Reino Unido

“Hemos sido muy claros: Irlanda del Norte debe abandonar la UE en los mismos términos que el resto de Reino Unido y no aceptaremos ninguna forma de divergencia regulatoria que separe a Irlanda del Norte del resto de Reino Unido económica o políticamente”, ha dicho Arlene Foster, líder del DUP, en cuanto se han empezado a filtrar los términos del acuerdo que Londres y Dublín habían alcanzado.

En Bruselas, la primera ministra abandonaba la mesa de Juncker para llamar a Foster, 20 minutos después de que esta dejara clara su preocupación en rueda de prensa. Debía convencer a la líder unionista de que “alineamiento regulatorio continuado” es mucho mejor que “ninguna divergencia regulatoria”, que era la propuesta original de Dublín. La segunda expresión, según Londres, equivaldría a aceptar la vigencia de las reglas del mercado único y la unión aduanera. La primera ofrece algo más de flexibilidad.

Tras hablar con Foster, May volvía a la mesa con Juncker y el acuerdo, que parecía cerrado, se esfumaba. “No ha sido posible alcanzar un acuerdo completo hoy”, declararía después la primera ministra. “Tenemos entendimiento en la mayoría de los asuntos. Solo dos o tres siguen abiertos a debate”.

La resistencia del DUP es una muestra de los efectos que el compromiso con Dublín puede tener para la política británica. Irlanda, como garante del acuerdo de Viernes Santo, exige a Londres garantías de que no habrá divergencias regulatorias significativas en la isla tras el Brexit. Y cuenta con el respaldo de Bruselas para impedir que avancen las negociaciones si no obtiene esas garantías.

Eso deja a Londres dos opciones, como explicaba el ministro de Exteriores irlandés, Simon Coveney, en una entrevista con EL PAÍS: “O Reino Unido permanece en una versión extendida de la unión aduanera y el mercado único, o busca soluciones únicas para las circunstancias únicas de Irlanda del Norte”.

Si opta por garantizar un trato especial a Irlanda del Norte, le costará mucho obtener el respaldo del DUP, como ha quedado demostrado este lunes. También ha quedado claro que otros reclamarían el mismo trato para sí. Lo ha advertido Nicola Sturgeon, ministra principal escocesa. Sadiq Khan, el alcalde laborista de Londres, ha hecho lo propio. Y Carwyn Jones, ministro principal galés, también se ha subido al carro.

“Enormes ramificaciones para Londres si Theresa May concede que es posible para una parte de Reino Unido permanecer en el mercado único y la unión aduanera después del Brexit. Los londinenses votaron abrumadoramente por permanecer en la UE y un acuerdo similar aquí podría proteger decenas de miles de empleos”, ha escrito el alcalde en Twitter. Sturgeon ha incidido en la idea: “Si no es un estatus como el de Noruega para el conjunto de Reino Unido, debe ser algún tipo de acuerdo especial para Irlanda del Norte. En ese segundo caso, ¿por qué no también para Escocia, Londres o Gales?”.

Desde Downing Street se han apresurado a decir que May no acordará nada que implique barreras entre Irlanda del Norte y el resto del país. “Reino Unido abandona la UE en su conjunto. La integridad territorial y económica de Reino Unido será protegida”, ha aclarado el portavoz de May.

Descartado un trato especial, solo hay una manera de garantizar que Irlanda del Norte mantenga un “alineamiento regulatorio continuado” con la UE: que lo mantenga el país en su conjunto. Algo que sería extraordinariamente difícil de defender para May en su partido y en su propio Gobierno. Implicaría una ruptura solo a medias, y eso no satisfaría al sector duro del Brexit. Un sector que se resiste a ceder en su presión a la primera ministra, como demuestra el hecho de que varios de sus miembros desfilaran por los medios este fin de semana, en vísperas de la reunión con Juncker, estableciendo sus propias líneas rojas para la negociación.

Lo explicaba la periodista de la BBC Laura Kuenssberg, de una manera muy gráfica para los expertos en Brexitología, que sonará a chino a los neófitos: “May puede acordar que Irlanda del Norte sea Noruega (modelo alto alineamiento) antes de que el Gobierno haya decidido si el resto del país va a ser Noruega o Canadá (bajo alineamiento)”.

Noruega es miembro de Espacio Económico Europeo y, como tal, mantiene acceso completo al mercado único, pero acepta las cuatro libertades, incluida la libre circulación de personas. Canadá, en cambio, es el ejemplo de país tercero con el que la UE firma un nuevo acuerdo comercial. Entre uno u otro modelos estará la relación de Reino Unido con el bloque. Definir qué tipo de relación quiere –y esa es la parte difícil de verdad- será la próxima tarea de May. Pero antes deberá explicar en casa cómo conseguirá garantizar a Dublín que no habrá frontera en la isla, sin ofrecer un trato especial a Irlanda del Norte ni comprometer el modelo de Brexit para el conjunto del país.

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